Yearly archive for 2002

Transición revolucionaria

Olavo de Carvalho

Zero Hora, 25 de agosto de 2002

Los medios de comunicación nacionales ya han llevado demasiado lejos esa farsa de etiquetar al partido de los tucanes (PSDB) como “derecha”, un truco inventado por la izquierda para poder condenar como extremismo y fascismo todo lo que esté a la derecha de Fernando Enrique Cardoso (FHC), o sea, a la derecha del centro-izquierda.

Si bien es cierto que el actual presidente ha acatado en líneas generales las exigencias económicas del FMI — cosa que cualquiera haría en su lugar y que el mismo Lula promete hacer igualmente, lo que no convierte ni a uno ni a otro en derechista –, por otro lado el actual gobierno ha subvencionado abundantemente con dinero público el crecimiento de la más poderosa organización revolucionaria de masas que haya habido jamás en América Latina, ha introducido, o al menos ha permitido, el adoctrinamiento marxista en las escuelas, ha instituido la beatificación oficial de terroristas jubilados y el concomitante descrédito de las Fuerzas Armadas, ha generalizado el uso de criterios morales “políticamente correctos” para dirimir las cuestiones públicas y ha destruido uno a uno los liderazgos regionales más o menos “conservadores” que quedaban, aparte de dejar montado todo el aparato legal y fiscal que su sucesor necesitará para criminalizar a la actividad capitalista, sofocar las críticas de oposición y, habiendo hecho todo dentro de la ley, poder dárselas de democrático. Democrático en el sentido de Hugo Chávez, claro está.

Sin tocar en los intereses internacionales, pero siguiendo estrictamente la receta de viraje a la izquierda que le preparó desde 1998 Alain Touraine, FHC ha hecho más por el avance de la revolución comunista en Brasil que el mismo João Goulart, que se quedó en mero amago.

Si, a pesar de todo, su gobierno aún es tildado de “derechista”, es sólo gracias a un fenómeno bastante conocido en la mecánica de las revoluciones: cada vez que una facción revolucionaria toma el poder, sus propias disensiones internas substituyen a las divisiones de partidos y a las facciones existentes en el régimen anterior. Así, por ejemplo, tras la revolución de 1917, el ala revolucionaria menchevique pasó a ser atacada por el ala radical como derechista y reaccionaria. Evidentemente, el concepto de “derechista” había cambiado por completo: antes, era ser contrario a la revolución; ahora, era no ser suficientemente revolucionario. La diferencia entre el caso ruso y el brasileño es que en aquél el cambio fue declarado y consciente, mientras que entre nosotros está prohibido mencionarlo en público.

Uno de los elementos primordiales de la revolución cultural gramsciana en curso es el lento e inexorable desplazamiento del eje de referencia de los debates públicos hacia la izquierda, con el fin de reducir el margen de derechismo posible y, poco a poco, sustituir a la derecha genuina por la facción derecha de la izquierda o por algún fanatismo hidrófobo estereotipado y fácil de desacreditar. El proceso debe ser llevado a cabo de manera tácita y, si alguien lo denuncia, hay que negar con vehemencia que exista tal proceso. Las cosas tienen que pasar como si no estuviesen pasando. Los disconformes y recalcitrantes, más que censurados, son echados al limbo de la inexistencia y se vuelven tan desplazados que parecen chiflados.

Pocos brasileños se dan cuenta de la profundidad de los cambios políticos por los que ha pasado este país a lo largo de los últimos quince anos. Pueden ser resumidos así: la oposición de izquierda al antiguo régimen militar ha tomado el poder, ocupa todos los puestos del gobierno y de la oposición y no deja sitio a nadie más. Los pocos que quedan del antiguo régimen se apegan desesperadamente a los últimos residuos de poder que sobran a escala regional, mientras en la disputa nacional no pueden aspirar más que al papel de auxiliares y chicos de los recados de alguna de las facciones izquierdistas en disputa. Las actuales elecciones han dejado esto muy claro.

A la completa liquidación de la derecha corresponde, casi instantáneamente, la institucionalización de una de las facciones de izquierda en el papel de “derecha” — una derecha fabricada ad hoc para las necesidades de la izquierda.

El proceso ha sido enormemente facilitado por el hecho de que, en las elecciones legislativas federales, estaduales y municipales, Brasil tiene una de las tasas más altas de substitución de políticos ya observadas en el mundo. La transfusión de liderazgos, la completa destrucción de una clase y su substitución por otra son ya hechos consumados. La revolución está en curso. Si va a dar un bandazo hacia la destrucción violenta de las instituciones o si va a llegar a sus fines por vía anestésica, es algo que sólo el futuro dirá. Pero negar el carácter revolucionario de los cambios observados es realmente abusar del derecho a la ceguera.

Algunos ven esos cambios, pero sólo parcialmente y desde un sesgo predeterminado. Notan, por ejemplo, la destrucción de viejos liderazgos, abominados como “corruptos”, y ven en eso un progreso de la democracia — sin reparar en que no hay ningún progreso en una caza a corruptos de menor porte que sólo sirve de tapadera para encubrir el crimen infinitamente mayor en que están involucrados precisamente los moralizadores más entusiastas: la narcoguerrilla, el terrorismo internacional, la revolución continental.

Que, en medio de todo eso, surjan algunas situaciones paradójicas — como por ejemplo el hecho de que el Partido Comunista, con otro nombre, acabe presentándose como única alternativa al ascenso de la izquierda revolucionaria –, es algo que forma parte de la naturaleza intrínsecamente nebulosa del proceso. Y que nadie sea capaz de discernir bajo la paradoja la lógica implacable que lleva a este país día a día hacia dentro del bloque terrorista internacional, es síntoma del mismo aturdimiento general de las conciencias, sin el que ningún proceso revolucionario jamás habría sido llevado a efecto en el mundo.

Transição revolucionária

Olavo de Carvalho


Zero Hora, 25 de agosto de 2002

A mídia nacional já levou longe demais essa farsa de rotular o tucanato de “direita”, um truque inventado pela esquerda para poder condenar como extremismo e fascismo tudo o que esteja à direita de FHC, ou seja, à direita da centro-esquerda.

Se é verdade que o atual presidente obedeceu em linhas gerais às exigências econômicas do FMI — coisa que qualquer outro faria no lugar dele e que o próprio Lula promete fazer igual, o que não torna nem um nem o outro direitistas –, por outro lado o presente governo subsidiou fartamente com dinheiro público o crescimento da mais poderosa organização revolucionária de massas que já houve na América Latina, introduziu ou ao menos permitiu a doutrinação marxista nas escolas, instituiu a beatificação oficial de terroristas aposentados e a concomitante desmoralização das Forças Armadas, generalizou o uso de critérios morais “politicamente corretos” para o julgamento das questões públicas e destruiu uma por uma as lideranças regionais mais ou menos “conservadoras” que restavam, além de deixar montado todo o aparato legal e fiscal que seu sucessor necessitará para criminalizar a atividade capitalista, sufocar as críticas de oposição e, tendo feito tudo dentro da lei, poder posar de democrático. Democrático no sentido de Hugo Chavez, é claro.

Sem tocar nos interesses internacionais, mas seguindo estritamente a receita de guinada à esquerda que lhe foi preparada desde 1998 por Alain Touraine, FHC fez mais pelo avanço da revolução comunista no Brasil do que o próprio João Goulart, que ficou só na ameaça.

Se, não obstante, seu governo ainda é rotulado de “direitista”, é somente graças a um fenômeno bastante conhecido na mecânica das revoluções: sempre que uma facção revolucionária toma o poder, suas próprias dissensões internas se substituem às divisões de partidos e facções existentes no regime anterior. Assim, por exemplo, após a revolução de 1917, a ala revolucionária menchevique passou a ser atacada pela ala radical como direitista e reacionária. Evidentemente, o sentido de “direita” havia mudado por completo: antes, era ser contra a revolução; agora, era não ser revolucionário o bastante. A diferença entre o caso russo e o brasileiro é que naquele a mudança foi declarada e consciente, ao passo que entre nós ela está proibida de ser mencionada em público.

Um dos elementos primordiais da revolução cultural gramsciana em curso é o lento e inexorável deslocamento de todo o eixo de referência dos debates públicos para a esquerda, de modo a estreitar a margem de direitismo possível e, aos poucos, substituir a direita genuína pela facção direita da própria esquerda ou por algum fanatismo hidrófobo estereotipado e fácil de desmoralizar. O processo deve ser conduzido de maneira tácita e, se alguém o denuncia, negado com veemência. As coisas devem acontecer como se não estivessem acontecendo. Os discordes e recalcitrantes, mais que censurados, são jogados para o limbo da inexistência e se tornam tão deslocados que parecem malucos.

Poucos brasileiros se dão conta da profundidade das mudanças políticas por que este país passou ao longo dos últimos quinze anos. Elas podem ser resumidas assim: a oposição de esquerda ao antigo regime militar tomou o poder, ocupa todos os postos do governo e da oposição e não deixa lugar para mais ninguém. Os poucos remanescentes do antigo regime se apegam desesperadamente aos últimos resíduos de poder que lhes sobram em escala regional, ao passo que na disputa nacional não podem aspirar senão ao papel de auxiliares e meninos de recados de alguma das facções esquerdistas em disputa. As presentes eleições deixaram isso muito claro.

À completa liquidação da direita corresponde, quase instantaneamente, a institucionalização de uma das facções de esquerda no papel de “direita” — uma direita fabricada ad hoc para as necessidades da esquerda.

O processo foi enormemente facilitado pelo fato de que, nas eleições legislativas federais, estaduais e municipais, o Brasil tem uma das mais altas taxas de substituição de políticos já observadas no mundo. A transfusão de lideranças, a completa destruição de uma classe e sua substituição por outra já são fatos consumados. A revolução está em curso. Se vai descambar para a destruição violenta das instituições ou se vai chegar a seus fins por via anestésica, é algo que só o futuro dirá. Mas negar o caráter revolucionário das mudanças observadas é realmente abusar do direito à cegueira.

Alguns enxergam essas mudanças, mas só parcialmente e segundo um viés predeterminado. Notam, por exemplo, a destruição de velhas lideranças, abominadas como “corruptas”, e vêem nisso um progresso da democracia — sem reparar que não há progresso nenhum numa caçada a corruptos de menor porte que serve apenas de disfarce para encobrir o crime infinitamente maior em que estão envolvidos os próprios moralizadores mais estusiásticos: a narcoguerrilha, o terrorismo internacional, a revolução continental.

Que, no meio, surjam algumas situações paradoxais — como por exemplo o fato de que o próprio Partido Comunista, com nome trocado, acabe aparecendo como única alternativa à ascensão da esquerda revolucionária –, é coisa que faz parte da natureza intrinsecamente nebulosa do processo. E que ninguém seja capaz de discernir por baixo do paradoxo a lógica implacável que leva este país dia a dia para dentro do bloco terrorista internacional, é sintoma do mesmo turvamento geral das consciências, sem o qual nenhum processo revolucionário jamais teria sido levado a efeito no mundo.

Un insigne strip-tease moral

Olavo de Carvalho

La marcha de la estupidez

Mídia Sem Máscara, año 1, número 2, 24 de agosto de 2002

Periodistas, en conversaciones gremiales, muestran su verdadera cara

La caca es ésta:

Comentarios de los miembros del club a la entrevista de Sandro Guidalli a Maria Inés de Carvalho, publicada en el site Comunique-se.

Con algunas admirables excepciones, el gremio de los editores, secretarios de redacción, etc., en una palabra, el colectivo que manda en los periódicos, es comunista, fanático, rencoroso e intolerante. No tiene la menor conciencia de ética profesional y usa el periodismo sólo como instrumento de propaganda izquierdista, sin escrúpulos de ninguna especie.

Ante noticias que contradicen sus opiniones y preferencias, desprecia y abomina el deber número 1 del periodismo, que es comprobar y averiguar antes de afirmar o desmentir.

Rechaza a priori como abominable actitud “fascista” cualquier noticia que perjudique la imagen de Cuba, de la OLP o de las Farc, no sólo eximiéndose de comprobarla sino sintiéndose mortalmente insultado ante la menor sugerencia de que debería hacer eso.

Manteniendo una ascética distancia de toda lectura que pueda perturbar la certeza de sus convicciones, no admite que nadie tenga acceso a ese género de escritos, hace lo posible y lo imposible para que no lleguen a conocimiento del público y utiliza su propia ignorancia de los mismos como prueba irrefutable de que todo lo que dicen es falso.

Lo máximo de derechismo que está dispuesto a tolerar, sólo por un cierto tiempo y para eliminarlo en la primera oportunidad, es el tucanado (el PSDB). Aunque éste haya instituido la premiación de los terroristas de los años 70 con subvenciones estatales, la educación marxista en los colegios, el despido sumario de toda persona acusada de tortura (con o sin pruebas), la venganza sistemática de la vieja izquierda contra las Fuerzas Armadas y, last not least, el generoso apoyo financiero oficial a una organización revolucionaria que ni siquiera está registrada legalmente — haciendo por tanto más por el avance de la causa revolucionaria de lo que hizo el mismísimo João Goulart –, la clase de los zares de los medios de comunicación aún no considera al tucanado lo suficientemente izquierdista y por eso lo cataloga como “derecha”. En todas las revoluciones, la facción vencedora, apenas sube al poder, substituye las disensiones que existían en el régimen anterior entre ella y los demás partidos por las existentes dentro de ella misma. Brasil, en ese sentido, ha pasado por una revolución sin sangre a lo largo de las últimas décadas, de modo que la izquierda triunfante, tras haber eliminado del escenario todas las corrientes de derecha, ofrece como substitutivo su propia ala derecha, exactamente como en Rusia, donde, extinguidos los partidos zaristas, el ala menchevique de los revolucionarios pasó a ocupar la derecha del espectro político. Lo extraordinario de la situación brasileña es que casi todos los agentes de la izquierda que intentan legitimar la nueva situación — y entre ellos los periodistas ocupan un lugar de privilegio — son perfectamente inconscientes del cambio que han efectuado en el panorama político nacional y, al referirse al tucanado como “derecha”, arrojando por tanto toda derecha verdadera al limbo de lo prohibido o de lo inexistente, son perfectamente sinceros e incluso se ven a sí mismos como auténtica oposición de izquierda en lucha contra reaccionarios y conservadores de marca mayor. Esa mezcla de inconsciencia, de hipocresía, de estupidez y de mala fe se ha convertido en la “ética” dominante en nuestro periodismo, que basándose en esa mentira fundamental puede incluso decir la verdad de vez en cuando, pero en general se aleja de ella necesariamente y como que por automatismo.

Peor aún: Uno de los elementos primordiales de la revolución cultural gramsciana es precisamente ese lento e inexorable desplazamiento de todo el eje de referencia de los debates públicos hacia la izquierda, con el fin de reducir el margen de derechismo posible y, poco a poco, sustituir la derecha genuina por la facción derecha de la izquierda o por algún fanatismo hidrófobo estereotipado y fácil de desacreditar. El proceso debe ser llevado a cabo de manera tácita y, si alguien lo denuncia, hay que negar con vehemencia que exista tal proceso. Las cosas tienen que pasar como si no estuviesen pasando. Los disconformes y recalcitrantes, más que censurados, son echados al limbo de la inexistencia y son tan desplazados que parecen chiflados. Lo que pasa es que, en el estratega gramsciano, ese proceso es consciente y su aplicación es una compleja obra de ingeniería. La mayoría de nuestros periodistas, en cambio, no está constituida por estrategas gramscianos sino por pura tropa de línea, sin formación marxista seria. De ahí resulta que la aplicación de la fórmula gramsciana se realiza en ellos por automatismo, sin una clara conciencia de que se trata de una fórmula y de una estrategia. Al contrario: acostumbrados a proceder así, desconociendo otras posibilidades con las que podrían comparar críticamente las normas habituales en las que se basa su conducta profesional, creen sencillamente que están practicando periodismo honesto, la única forma de periodismo honesto posible. Dicho de otro modo: lo que en el estratega gramsciano es una “técnica”, se ha transformado en ellos en una “ética”. El estratega, cuando miente, sabe que miente y con qué finalidad miente. Calcula el alcance de su mentira, el modo más inteligente de usarla, el momento más apropiado para ponerla en circulación y la hora justa de deshacerse de ella, atribuyéndola retroactivamente al enemigo. Ellos, en cambio, no. Ellos mienten naturalmente, puesto que ya no son capaces de distinguir la mentira de la verdad.

Son esas las personas que, dominando las redacciones, comen el coco de la población e incluso de las elites gobernantes.

Si hubiese dicho estas cosas unas semanas atrás, tendría que haberlas probado acumulando muestras; precisamente para eso he creado MÍDIA SEM MÁSCARA. Al hacerlo, no esperaba conseguir credibilidad para esas afirmaciones más que con el tiempo, a medida que se amontonasen los casos y los documentos.

La rauda intervención de representantes de la clase mencionada, sin embargo, ha abreviado mis esfuerzos. Ellos mismos se han encargado de decir lo que piensan y, haciéndolo, se han quitado sus caretas. Han demostrado que son exactamente como los he descrito.

Es cierto que lo han hecho en un forum gremial, lejos de los ojos del público general, donde la inscripción requiere pruebas de que el interesado es periodista o estudiante de periodismo, para que la conversación no llegue a conocimiento de los lectores ajenos al gremio.

Allí, protegidos de miradas críticas, han mostrado cuál es la verdadera “ética” que les inspira: la ética leninista de la mentira a toda costa, de la difamación cínica y del total desprecio por la averiguación de los hechos.

Allí, pueden destruir reputaciones a placer, libres de la fiscalización de un público no comprometido con sus prejuicios y odios grupales.

Realizada en esas condiciones, la difamación es aún más eficaz y certera: en vez de diluirse entre lectores diversos, de creencias y opiniones variadas, va directa a un público predispuesto a aceptarla.

Los lectores tienen que conocer el género de conversaciones que tienen entre sí esos manipuladores, con las que traman la ocultación de los hechos, la distorsión ideológica de las noticias y la completa sujeción del periodismo nacional a los cánones de la moral leninista.

Claro que muchas de esas criaturas no son militantes de ningún partido y que ni siquiera tienen la conciencia de ser comunistas. Lo que pasa es que la doctrina marxista en la que han sido formados desde el parvulario se ha impregnado tan hondamente en sus cerebros, que ya no la ven como doctrina, como una doctrina entre otras, sino como la realidad misma, como la verdad pura y simple, fuera de la cual sólo existe el mal, el fascismo y la propaganda imperialista.

Por eso, cuando ven que es refutada, sienten la sincera indignación del hombre que, creyendo estar con los pies en el suelo, firmemente instalado en la realidad, se siente ofendido en su dignidad intelectual cuando ve que es proclamada alguna novedad que, precisamente por serle desconocida, le parece absurda, insultante, intolerable.

¿Escabechina de blancos en Sudáfrica? ¡Propaganda fascista! ¿Fidel colaborando con el narcotráfico? ¡Mentira sórdida! ¿Matanza de católicos en China? ¡Patraña imperialista! ¿Inminente invasión de Taiwan? ¡Campaña alarmista de la CIA!

Y así dale que te pego.

Averiguar, estudiar, verificar por sí mismos, son hipótesis impensables, cuando lo que está en juego son certezas básicas sobre las que se ha construido una vida, una carrera, una reputación y, sobre todo, un círculo de amigos. Sí, quienquiera que admita esa hipótesis, incluso sólo unos minutos, verá muecas de asco y desprecio a su alrededor, sentirá el peso del rechazo y el pavor de la soledad.

Por eso, al sentir brotar dentro de sí un principio de duda, el individuo la reprime con vigor, reafirmando al unísono con sus compañeros las certezas básicas que han cimentado el espíritu de camarilla, la solidariedad del grupo.

No hay que ser un militante, ni mucho menos un miembro de la elite dirigente del proceso, para reaccionar así. Al contrario: hay que ser tropa de línea, idiota útil, ferviente seguidor de instrucciones que el sujeto ni sabe de dónde han venido y que por eso ya no suenan a sus oídos como instrucciones, sino como una obligación espontánea que sube directamente de su corazón. De este modo un mero cretino se vuelve, sin saber, un practicante de la ética leninista. Pido al lector que examine atentamente las reacciones documentadas a seguir, publicadas en el site Comunique-se como respuesta a la entrevista de Sandro Guidalli a Maria Inês de Carvalho sobre MÍDIA SEM MÁSCARA, y que verifique con sus propios ojos hasta qué punto encajan perfectamente en las reglas de la retórica de Lenin, que definía ésta como un lenguaje destinado a “suscitar en el lector el odio, la aversión y el desprecio [al enemigo]; calculado no para convencer, sino para deshacer las filas del oponente; no para corregir sus errores, sino para destruirlo”.

Tal es el espíritu que ha producido las reacciones documentadas a seguir. No es imposible que, viendo sus conversaciones reproducidas en este site, sus firmantes se sientan desnudados ante el público e intenten, por todos los medios legales e ilegales, retirarlas de la red, porque saben que ahí se han mostrado tal como son realmente – y eso es lo último que desean que llegue a conocimiento del público. Por eso, pido a los lectores que las copien y se las pasen a cuantas personas puedan, antes de que la censura prevalezca.

Como conclusión digo que entregar órganos de los medios de comunicación a la responsabilidad de criaturas imbuidas de la mentalidad aquí ilustrada es más que error: es un crimen.

Arnaldo Comin [13/08/2002 – 19:07] (Reportero-Valor Econômico) Sólo para información de todos: ese site es tan bueno, pero tan bueno, que he enviado el link para sea valorado por el personal del Cocadaboa.com. Si alguien no conoce ese site, compruebe: creo que son los mejores críticos del Brasil de hoy y ciertamente pondrán punto final a toda esa discusión. Sandro, ahora aguardamos ansiosamente tu próximo “artículo” o “entrevista”. Es siempre una lectura enriquecedora…

Claudio Dantas [13/08/2002 – 18:16] (Profesional Contratado) Me parece importante discutir nuevas iniciativas y MSM debe aprovechar el día para registrar un record de accesos, ya que eso no se repetirá mañana y después, y después… caerá en el olvido. Una pregunta. ¿Los colaboradores siguen la línea editorial? Otra: ¿Los editores usan capirote blanco? Una más: ¿Hay entre ellos alguno del grupo parlamentario ruralista?

Milton Abrucio Junior [13/08/2002 – 18:12] (Outros-Grupo Telefônica – SP) ¡Caray! Sabía que Comunique-se acabaría promoviendo una gran boda. Primero las burradas del Sr. Guidalli, que sigue entrevistando al Coronel Brilhante Ulstra, que después centra para Doña Graça “Acuérdense de Cuba” Salgueiro; todos hablan de Olavo Carvalho… Diego Casagrande ha dejado de dárselas de mero opositor de Olívio Dutra para asumir la causa del grupo de derecha kafkiana. La misma Época que lanzó a Olavón en los medios de comunicación ahora es triturada por osar decir que hubo tortura en el Dops. Pues muy bien: ¿Prensa izquierdista? Media Watch a ellos. Ahora sólo falta fundar un partido político, ya que con ACM, Collor, Maluf, Barbalho, Enéas, Brasil está realmente muy mal representado en cuestión de derechas. Guidalli puede salir para el gobierno de Rio, Olavón va de verdad para presidente, Graça se queda con Pernambuco, Diego con Rio Grande y Martim se queda de comodín: topa lo que le echen. Todavía se puede rescatar del pijama a Nini (¿o será que es de izquierdas?) En fin, Comunique-se ha hecho historia. ¡Felicidades!

Cacá Amadei [13/08/2002 – 18:00] (Redactor-Rede Mulher – SP) Comin, iba a pasar de largo por el site pero me convenciste de que echase una ojeada… impresionante la cantidad de basura reunida. Desde que murió Plínio de Oliveira, el que fundó aquella excrecencia asquerosa llamada TFP, esos tipos estaban medio escondidos. Ahora intentan volver teniendo como divulgador mayor al ilustre columnista de Comunique-se. Podían al menos haber hecho un site más interesante…

Cacá Amadei [13/08/2002 – 17:46] (Redactor-Rede Mulher – SP) Ahí está: un site apropiado para que Guidalli exponga sus bobadas fascistas… “¿prensa izquierdista” ? me da risa…

Arnaldo Comin [13/08/2002 – 17:31] (Reportero-Valor Econômico) Lo mejor de Mídia Sem Máscara V. El site tiene hasta una tal Milla Kette, “articulista” que dice haber votado en Bush en el 2000. ¡¡¡¡Por fin alguien admite eso en público!!!! Aparentemente brasileña, la moza teje una larga letanía para denunciar los ataques de la prensa comunista contra Mr. W. Bush. ¡Esta vez no reproduzco ningún trozo sólo porque el texto de la moza es terriblemente pesado!

Arnaldo Comin [13/08/2002 – 17:17] (Reportero-Valor Econômico) Lo mejor de Mídia Sem Máscara IV. Una del “editorialista”. ¡Caray, cuánto rencor en ese corazoncito! “Periodismo, en el Brasil de hoy, es prostitución. Prostitución de palabras y escritos a servicio de la alianza siniestra entre el oportunismo cobarde de las empresas y la ambición política insana de propagandistas y militantes revolucionarios travestidos de periodistas. Alianza del izquierdismo ganancioso con el izquierdismo furioso.”

Arnaldo Comin [13/08/2002 – 17:13] (Reportero-Valor Econômico) Lo mejor de Mídia Sem Máscara III. De otro “articulista”, título y canela fina: “Los números de la entifada: ¿dónde está el genocidio?” – “Proporcionalmente, mueren más civiles israelitas que palestinos” Conclusión del artículo: “…Los israelitas no han hecho ningún genocidio, sólo han salido ganando en el combate”. ¡¡¡¡Me está encantando ese site!!!!

Arnaldo Comin [13/08/2002 – 17:07] (Reportero-Valor Econômico) Lo mejor de Mídia Sem Máscara II. Conclusiones de un “articulista”, después de una larga disertación sobre los mensajes ocultos que los dibujos animados de hoy transmiten a los niños. A destacar la tolerancia del autor con las minorías: “…..O sea, el fin de semana o a diario, después del colegio, donde desde sus primeros años aprenden que sus padres, a causa del sucio dinero que ganan con su trabajo indigno que les permite ser de la clase media, son culpables de la opresión y de la miseria de sus compatriotas más pobres, que el bandido que asalta al taxista es víctima de la injusticia social, que todo rico quiere el mal, que hablar de Dios es algo impropio, nuestros niños no dejan un solo instante de aprender que lo “guay” es ser perdedor, pillo, perezoso, retrasado, marica o tortillera, y exponer y ver todas las bajezas humanas.”

Arnaldo Comin [13/08/2002 – 17:02] (Reportero-Valor Econômico) Lo mejor de Mídia Sem Máscara I. ¡Caray, acabo de entrar en el site. ¡Es sensacional! Ved la primera perla: “….una vez más el lector brasileño pierde la oportunidad de saber que desde 1994 son víctimas de tortura y de asesinato sistemáticos los granjeros blancos de Sudáfrica. Cerca de mil y cien personas han sido ya asesinadas, incluso niños, mujeres y viejos. Las familias de granjeros africaners constituyen uno de los grupos más perseguidos del mundo (264 personas asesinadas de cada 100.000). A pesar de todo, es general el silencio sobre el asunto. Tal vez porque ofenda la etiqueta de lo políticamente correcto la constatación de que los autores de la tragedia son negros imbuidos del más sangriento odio racial”.

Arnaldo Comin [13/08/2002 – 16:48] (Reportero-Valor Econômico) Hahahahaha, me ha encantado un trozo de la entrevista con la “editora-jefe”. Predica contra la publicidad en el site, a menos que sea realmente necesaria: “Preferiremos corromperlo a extinguirlo”. Jo, cualquier semejanza con la derecha brasileña es mera coincidencia. Por otro lado, si no consiguen patrocinador y el esquema sigue costeado por la familia, con suerte tendremos en este mundo una familia de fascistas más arruinada. ¡Qué bien!

Marcos Lavieri [13/08/2002 – 16:45] (Editor-Brasil Online – SP) Lo que faltaba: en un momento en que estamos arrancando la careta al tal “mercado”, tenemos que oír una letanía defendiendo el libre mercado y otros ideales de gente interesada en mantener la desigualdad que reina por aquí. Qué horror, qué horror.

Cláudio Luís de Souza [13/08/2002 – 16:45] (Editor-Asistente – Agora São Paulo) Me-ha-en-can-ta-do ese título: “Mocos, bobos, traseros rojos – Nuestros niños no dejan un solo instante de aprender que lo “guay” es ser perdedor, pillo, perezoso, retrasado, marica o tortillera, y exponer y ver todas las bajezas humanas.” Nada prejuiciosa… En fin, los comunistas Roberto Marinho, Otávio Frias de Oliveira y otros ciertamente deben estar poniendo en acción la policía secreta del PT (dirigida por Hélio Bicudo) para poner a toda esa panda de subversivos en el potro del Dops del B. Hablando en serio: pase que Comunique-se deje sitio a la extrema-derecha, por más abominable que sea la cosa. Pero sugiero que el site tenga la decencia de contratar a alguien de extrema-izquierda para compensar.

Marcos Lavieri [13/08/2002 – 16:44] (Editor-Brasil Online – SP) ¿Prensa dominada por la izquierda? ¿Qué Brasil es ése? Lo que hay, que yo sepa, son unos medios de comunicación que se arrodillan a los pies del rollo liberal de un izquierdista arrepentido, conocido como FHC, que gobierna en coalición con el PFL y otros congéneres.

Pedro Kutney Evangelinellis [13/08/2002 – 16:17] (Editor-Asistente – Valor Econômico) Una vez más ese presunto periodista/columnista brinda a los lectores de Comunique-se lo mejor de la basura fascista-liberal que, en contra de lo que tanto le gusta decir, está impregnada en varias mentes del país, como la suya misma. Es que el tipo parece en realidad estar colado por la derecha TFP, debe encender velas al General Médici y ve comunistas/socialistas en todos los sitios. Menos mal que tiene la importancia que merece: ninguna.

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