Monthly archive for maio 2001

Medindo as palavras

Olavo de Carvalho

Época, 5 de maio de 2001

O maior criminoso do Brasil está preso, mas ninguém ousa falar mal dele

Vocês já repararam no tratamento discreto, macio, quase gentil que as classes falantes têm dado a Fernandinho Beira-Mar desde que foi preso? Imprensa, políticos, intelectuais – ninguém parece ter um pingo de raiva desse homem responsável por tantas mortes, por tanto sofrimento, por tanta iniqüidade. Ninguém o chama de assassino, de genocida, de monstro, de nenhum daqueles nomes que tão facilmente vêm à boca de todos quando se referem a desarmados vigaristas de colarinho branco ou até mesmo à pessoa do presidente da República. Nenhuma multidão em fúria, convocada pelos autodesignados porta-vozes dos sentimentos populares, se reúne na porta da delegacia para xingá-lo como se xingou Luiz Estevão. Nenhum moralista, com lágrimas de indignação nos olhos, condena como insulto à memória de inumeráveis vítimas os cuidados paternais que o traficante recebe na cadeia, como tantos julgaram um acinte a prisão especial que, em obediência à lei, as autoridades deram ao juiz Lalau, malandro septuagenário incapaz de matar uma galinha.

Não obstante, o homem que distribui drogas a crianças nas escolas e mata quem tenta impedi-lo é, obviamente, um assassino, um genocida, um sociopata amoral e cínico. Aplicados a suspeitos de crimes incruentos, esses termos são figuras de expressão, hipérboles descomunais, flores de plástico de uma retórica postiça. Usados para definir Luiz Fernando da Costa, são termos exatos, precisos, quase científicos. A liberalidade tropical no emprego das hipérboles para falar de quem rouba contrasta singularmente com a inibição de usar as palavras em seu sentido literal para falar de quem mata.

De onde vem essa assustadora inversão das cotações de palavras, homens e crimes na linguagem brasileira? De modo geral, ela reflete, inequivocamente, a influência da “revolução cultural” gramsciana que, há 40 anos, com a obstinação sutil das bactérias e dos vírus, contamina de antivalores comunistas – sem esse nome, é claro – os sentimentos e as reações de nossa opinião pública.

Mas, no caso presente, há algo mais que isso – algo de infinitamente mais sinistro. Há o temor instintivo de revelar a uma luz muito direta e crua a feiúra de um sócio das Farc. Pois essa luz ameaçaria refletir-se sobre a imagem da guerrilha e, portanto, de todos os seus amigos e apologistas: Fidel Castro, o presidente Chávez, Lula, o governador Olívio Dutra, o MST, a esquerda quase inteira.

Falar de Fernandinho Beira-Mar com uma linguagem proporcional à gravidade de seus crimes seria – para usar a expressão consagrada do jargão militante – “dar munição ao inimigo”. Naquilo que dentro de uma cabeça esquerdista faz as vezes de consciência moral, não há pecado maior. Portanto, moderação nas palavras! Abandonado há tempos em nome da “ética”, da “participação” e do “dever de denunciar”, o estilo noticioso frio, factual, sem comentários, é de repente retirado da gaveta e mostra toda a sua inesperada serventia: num ambiente de furor moralista e indignação oratória, o relato neutro, asséptico, soa quase como um elogio.

E não pensem que, para pôr em ação esses anticorpos verbais, tenha sido necessário emitir uma palavra de ordem, distribuir avisos de algum comitê central, mover alguma complexa cadeia de comando. Nada disso. A reação já se produz sozinha, por automatismo, quase inconscientemente. Todos mentem em uníssono – e ninguém tem culpa porque ninguém mandou ninguém fazer nada.

É precisamente esse domínio tácito sobre as consciências, essa redução coletiva dos formadores de opinião ao estado sonambúlico de inocentes úteis, que Antonio Gramsci denominava “hegemonia” – o prelúdio psicológico à tomada do poder. A hegemonia já está, portanto, conquistada. Se definitivamente ou não, isso depende. Depende de que ninguém diga o que está acontecendo. E é por isto mesmo que insisto em dizê-lo.

Por qué en Berlusconi se esconde un comunista

UMBERTO ECO

El País, Viernes, 4 de mayo de 2001

La forma en que el Polo ha planteado su campaña electoral es sin duda eficaz, de modo que muchos se preguntan cuál es no digamos su secreto, sino su clave y su modelo. Lo primero que se nos ocurre es que el Polo, y sobre todo Silvio Berlusconi (la única cara de la campaña), siguen el modelo publicitario. Del modelo publicitario han reproducido el proponer una y otra vez el mismo símbolo y unos pocos eslóganes fáciles de recordar, así como una acertada elección cromática, desde luego vencedora, puesto que es semejante a la de Windows.

La elementalidad de los eslóganes es la misma que la de los productos de gran consumo, y tiene en común con las campañas comerciales el principio de que no hay que preocuparse de que el eslogan se considere verdadero. Ningún comprador cree en serio que Scavolini sea la cocina de todos los italianos (las estadísticas lo desmentirían) o que tal detergente lave más blanco que los otros (el ama o amo de casa saben que, a partir de cierto precio, los detergentes de marca lavan más o menos igual): y, sin embargo, cuando los compradores tienen que comprar algo, son más sensibles a los productos cuyos eslóganes han memorizado.

En este sentido es completamente inútil (o a lo sumo divertido) que satíricos o políticos ironicen sobre el presidente obrero o sobre las pensiones más dignas para todos: el eslogan no pretende ser creído, sino sólo recordado. Sin embargo, el modelo publicitario funciona con los carteles u otros tipos de anuncio promocional, pero no, por ejemplo, con las acciones de lucha parlamentaria o en los medios de comunicación, que se llevan a cabo a medida que se acercan las elecciones. Es más, alguien ya ha observado una aparente contradicción entre la amabilidad de la propaganda y la agresividad de la acción política, tanto como para vislumbrar un error de táctica. Y aquí se ha abierto paso la interpretación de Montanelli: al no saber controlar algunas herencias genéticas de sus componentes y algunas tendencias psicológicas profundas de su líder, el Polo manifiesta sus propias tendencias autoritarias y una nostalgia latente (aunque aún simbólica) por la porra.

Pero también esta lectura me parece parcial. Explica algunas intemperancias, amenazas y promesas de la alianza, pero no todos sus comportamientos, que creo que siguen, en cambio, de forma muy coherente, otro modelo. Este modelo no es fascista o consumista, sino comunista de la vieja guardia y, en algunos aspectos, del 68. Intentemos (los que tengan edad para hacerlo) recordar cuáles eran las tácticas y las estrategias propagandísticas del comunismo de Togliatti. Por muy compleja que fuera la elaboración cultural interna del grupo dirigente, el partido se mostró en el exterior a través de eslóganes eficaces y comprensibles, repetidos en toda ocasión. Ante todo, el ataque al imperialismo capitalista como causa de la pobreza en el mundo, a la Alianza Atlántica como su brazo armamentista, al Gobierno como siervo de los estadounidenses y a la policía como brazo armado del Gobierno. Aunque no en el ámbito institucional, se produjo, sin embargo, la deslegitimación de una magistratura que condenó a los huelguistas inquietos pero no a sus torturadores, o por lo menos se subrayó una neta distinción entre una magistratura buena, generalmente jueces de asalto, que se ocupaban de los derechos de las masas, y una magistratura mala, que no condenaba los delitos de la clase dirigente pero era severa con la protesta obrera. Basta con reemplazar a Estados Unidos por el Comunismo y sus siervos tontos (que pueden ir hasta el católico Scalfaro o el conservador Montanelli) y tener presente la división entre las togas rojas, que investigan los asuntos de Berlusconi, y las togas buenas (a las que se apela cada vez que hay que demostrar que la acusación era infundada) y se observará que el esquema es el mismo. En segundo lugar, recordemos el uso de eslóganes que atraen de inmediato (mucho más simplistas que el proyecto político que querían anunciar): pensemos en las intervenciones a lo Pajetta en las tribunas políticas donde, a pesar de la sutileza dialéctica del orador, la idea central era: ‘Hay que cambiar las cosas’. En tercer lugar, la indudable capacidad de monopolizar valores comunes y hacer que se conviertan en valores de una parte: pensemos en la sólida campaña por la paz, en el uso de términos como ‘democrático’ (que al final acababa por connotar sólo a los regímenes del Este europeo). Igual que hoy quien grita ‘Forza Italia’ en un estadio o habla de valores liberales y de libertad se convierte inmediatamente en partidario del Polo, entonces quien hubiese querido hablar de paz y pacifismo habría sido enrolado automáticamente entre los compañeros de viaje del PC, por lo menos hasta que Juan XXIII con la Pacem in Terris (Paz en la Tierra) retomó el ideal de la paz como valor no comunista.

Otro elemento de la propaganda y de la política del comunismo de la vieja guardia (tanto en el Parlamento como en las plazas) era, por un lado, la extrema agresividad, incluso verbal, de forma que cualquier actitud enemiga se denunciaba como antipopular, y al mismo tiempo la denuncia constante de la agresividad de los demás y la persecución de los partidos populares. Esta actitud pasó después, de forma mucho más cruenta, de los movimientos insurrectos suramericanos (por ejemplo, los Tupamaros) a los terroristas europeos que perseguían el proyecto (que se reveló utópico) de poner en marcha provocaciones insostenibles para cualquier Gobierno, con el fin de desencadenar como respuesta una represión de Estado que después a las masas les parecería insostenible.

Pero, sin recurrir a los movimientos violentos, la agresividad al denunciar el complot de los medios de comunicación se ha convertido en el arma ganadora de los radicales, que han construido su vasta visibilidad mediática sobre acciones de protesta por el silencio que los medios de comunicación habrían tenido respecto a ellos. En efecto, es típico del berlusconismo disponer de un enorme aparato mediático y usarlo para quejarse de la persecución por parte de los medios de comunicación. Otros elementos de la propaganda del comunismo de la vieja guardia eran la apelación al sentimiento popular (hoy ‘la gente’), el uso de manifestaciones sólidas con ondear de banderas y cantos, la fidelidad al color (reclamo de fondo -entonces rojo, hoy azul-) y, por fin, (si damos crédito a los análisis de la derecha) la ocupación más o menos rastrera de los lugares de producción cultural (entonces principalmente casas editoriales y semanarios). Podríamos incluso citar el intento de la Universale del Canguro [colección de una editorial próxima al PCI en los años cincuenta] de adscribir a los grandes del pasado entre los autores progresistas, de Diderot a Voltaire, de Giordano Bruno a las utopías de Bacon, de Erasmo a Campanella. Y cito estos nombres porque son los que Publitalia [agencia de las cadenas televisivas de Barlusconi], aun en ediciones refinadas y no populares, está recuperando.

Habría que hacer un discurso más complejo y sutil a propósito de la ‘doblez de Togliatti’, pero dejo al lector el descubrimiento de interesantes analogías. Mientras le hablaba a alguien de estas semejanzas, me hicieron observar que, sin embargo, a pesar de su agresividad hacia el Gobierno, el PC de la época clásica intentó apoyar muchas de las leyes que el Gobierno proponía (desde el artículo 7 de la Constitución hasta muchas reformas), mientras que parece típico del Polo oponerse, incluso mediante un desdeñoso abstencionismo, a reformas gubernativas que también éste habría podido apoyar en parte. Desde luego, Togliatti, una vez aceptada la idea de que después de Yalta no se podía, o quizá no se debía, pensar en una solución revolucionaria, aceptó consecuentemente la idea de una larga marcha a través de las instituciones (cuyo capítulo final sería, mucho después de su muerte, el asociacionismo). En este sentido, la política del Polo no parece típica del comunismo de la vieja guardia. Pero he aquí que, en el modelo propagandista y en las estrategias y las tácticas de lucha política del Polo, se ramifica el modelo de los grupos extraparlamentarios del 68.

Es posible encontrar en el Polo muchos de los elementos del modelo del 68. Ante todo la identificación de un enemigo mucho más sutil e invisible que Estados Unidos, como las multinacionales o la Trilateral, denunciando su permanente complot. En segundo lugar, el no conceder nunca nada al adversario, satanizarlo siempre, fueran cuales fuesen sus propuestas, y, por lo tanto, rechazar el diálogo y la confrontación (rechazando cualquier entrevista de periodistas constitutivamente siervos del poder). De aquí la elección del extraparlamentarismo. Este rechazo a cualquier compromiso estaba motivado por la convicción, reiterada a cada momento, de que la victoria revolucionaria era inminente. Y, por lo tanto, se trataba de debilitar a una burguesía acomplejada, anunciándole a cada paso una victoria indiscutible tras la cual no se harían prisioneros y se tendrían en cuenta las listas de proscritos que aparecían en los carteles. Con la técnica del luchador de catch que aterroriza al contendiente con gritos feroces, se intimidaba al adversario con eslóganes como ‘Fascistas, burgueses, sólo pocos meses’ y ‘Ce n’est qu’un debut’ (‘No es más que el principio’), o se los deslegitimaba al grito de ‘¡Memo, memo!’ (la arteriosclerosis de Montanelli). La marcha hacia la conquista del poder se sostenía a través de la imagen triunfal de un rostro carismático, fuese el del Che o el de la tríada Lenin-Stalin-Mao Zedong; a ningún líder menor se le concedía el honor del retrato.

Todo esto podrían parecer sólo analogías, debidas al hecho de que todos los comportamientos propagandistas son parecidos, pero es bueno recordar cuántos tránsfugas, tanto del comunismo de la vieja guardia como del 68, han confluido en las filas del Polo. Por lo que no es descabellado pensar que Berlusconi ha prestado atención a estos consejeros, más que a los expertos en publicidad y los sondeos de primera hora. Además, escuchar a expertos en la relación con las masas parece especialmente inteligente desde el momento en que, en la geografía política actual, el verdadero partido de masas es el Polo, que ha sabido individualizar, en la ruina sociológica de las masas ideadas por el marxismo clásico, a las nuevas masas, que ya no se caracterizan por el censo, sino por una genérica pertenencia común al universo de los valores mediáticos, y, por lo tanto, ya no son sensibles al argumento ideológico, sino al reclamo populista. El Polo se dirige, a través de la Liga, a la pequeña burguesía poujadista del norte; a través de Alianza Nacional a las masas marginadas del sur que desde hace cincuenta años votaban a los comunistas y neofascistas; y, a través de Forza Italia, a la misma clase trabajadora de entonces, que en gran parte asciende al nivel de la pequeña burguesía y que tiene sus mismos temores -ante la amenaza que viene de los nuevos lumpen– por sus propios privilegios; y adelanta las peticiones a las que puede responder un partido que haga suyas las consignas de cualquier movimiento populista: la lucha contra la criminalidad, la disminución de la presión fiscal, la defensa ante el poder estatal y la capital, fuente de todo mal y corrupción, la severidad y el desprecio frente a cualquier comportamiento desviado.

No olvidemos que algunos de los argumentos con los que las personas también de condición humilde manifiestan su atracción por Berlusconi son de molde populista. Los argumentos son que, siendo él rico, no tendrá que robar (argumento que se basa en la identificación inconsciente entre político y ladrón), el conflicto de intereses (a mí, qué más me da que cuide de sus intereses, lo importante es que se ocupe también de los míos, que son distintos a los suyos) y la persuasión mítica de que un hombre que ha sabido hacerse inmensamente rico también puede distribuir bienestar al pueblo que gobierna (sin tener en cuenta que esto no ha ocurrido nunca ni con Bokassa ni con Milosevic). Hay que destacar que este convencimiento es típico del teledependiente (quien se acerca a la retransmisión millonaria tiene muchas posibilidades de hacerse millonario), pero es una actitud que tiene sus raíces en creencias primitivas y quizá arquetípicas. Pensemos en el culto del cargamento, fenómeno religioso que se ha manifestado entre las poblaciones de Oceanía desde el inicio del colonialismo hasta por lo menos el final de la II Guerra Mundial: como los blancos llegaban a sus costas, por barco o por avión, descargando comida y otras mercancías (que obviamente servían al invasor), nacía la espera mesiánica de un barco antes y de un avión de carga después que habrían llegado a llevar esos mismos bienes también a los nativos.

Cuando se individualizan en el propio electorado estos impulsos profundos, se es un partido de masas, y se adoptan las consignas y técnicas de cualquier partido de masas clásico. Y quizá uno de los pecados originales de la izquierda, hoy, es el de no saber aceptar del todo la idea de que el verdadero electorado de un partido que se considera reformista ya no está hecho de masas populares, sino de clases emergentes y de profesionales del sector terciario (que no son pocos, siempre que se sepa que es a ellos y no a la mítica clase obrera a quienes hay que dirigirse). Por lo tanto, uno de los descubrimientos de esta campaña electoral podría ser que el político más ‘comunista’ de todos es probablemente Berlusconi. En realidad, las tácticas del antiguo comunismo y del 68 serán las mismas, pero se ponen al servicio de un programa que puede irles bien a muchos estratos de la Confindustria, a los que en otros tiempos les fue bien el programa corporativista. En cualquier caso, adelante, pueblo.

O Brasil tem filósofo

Entrevista de Olavo de Carvalho a Gramática On-line

1 de maio de 2001

Um dos mais conhecidos (e polêmicos) pensadores da atualidade, Olavo de Carvalho conversa com o Gramática On-line a respeito de filosofia, cultura e, é claro, língua portuguesa

Por Júlio Tanga

“Olá, amigo. O Olavo de Carvalho está respondendo aos sucessivos ataques por parte de alguns órgãos de imprensa, fato que o impossibilita de responder-lhe agora. Você receberá resposta o mais rápido possível.” É certo que esse e-mail, enviado atenciosamente ao Gramática On-line como justificativa da eventual demora com que se daria a entrevista, atesta a vida nada consensual do filósofo e jornalista tido por muitos como dos maiores pensadores da atualidade. O nome Olavo de Carvalho é, para alguns, sinônimo de polêmica, talvez porque, diferentemente dos que se sentem apontados em seu livro O Imbecil Coletivo: Atualidades Inculturais Brasileiras, ele se destaque por defender a liberdade da consciência individual contra a tirania da autoridade coletiva. Diferenças ideológicas deixadas de lado, é indiscutível (e interessa-nos mais nesta entrevista) a qualidade da expressão e do conteúdo das idéias desse pensador que mais brasileiros deveriam conhecer.

Olavo Luiz Pimentel de Carvalho, 54, nasceu em Campinas, interior de São Paulo. Estudou Filosofia no Conjunto de Pesquisa Filosófica da PUC do Rio de Janeiro por três anos, sob a direção do Padre Stanislavs Ladusãns. Apesar de não ter podido terminar o curso – fechado após a morte de Ladusãns -, Olavo de Carvalho não quis dar prosseguimento aos seus estudos em outra instituição de ensino superior. “Os outros cursos de Filosofia que eu conhecia neste país não me interessavam, pois eram demasiado ruins”, diz o estudioso, que não se considera um autodidata, por ter desfrutado a orientação de muitos mestres, principalmente no campo das religiões comparadas.

Pai de oito filhos e já por quatro vezes avô, o filósofo dedica-se, entre outras atividades, aos seus livros (está sendo publicado o décimo quinto de sua autoria) e artigos veiculados em grandes periódicos brasileiros. Merecem atenção especial do pensador os Seminários de Filosofia que conduz em São Paulo. O curso, que atrai estudantes e profissionais de diversas áreas, é reconhecido como um dos mais sérios e consistentes dos que se conhecem. Encontram-se excertos das apostilas do curso – além de inúmeros textos publicados por e sobre Olavo de Carvalho em vários jornais e revistas – no site www.olavodecarvalho.org, mantido e atualizado desde maio de 98 pelo próprio professor. A página, visitada por cerca de 600 internautas diariamente, já recebeu o título de Site do Mês (OpenLink / abril de 99) e mostra, por si só, por que seu criador gera tanta polêmica no meio intelectualóide e por que a qualidade de seu texto chama tanto à atenção. Sem dúvida alguma, é um dos poucos sites da rede mundial de computadores que induzem a uma reflexão realmente crítica. Uma infinidade de temas é abordada com linguagem simples, bem-humorada, apimentada e abrasileirada, encarrapitada em uma qualidade gramatical de causar inveja a muitos jornalistas e profissionais das letras. A maioria dos textos está disposta integralmente no site, que é gratuito.

Entrevistado pelo Gramática On-line, Olavo de Carvalho falou sobre suas preferências de leitura, sobre filosofia e, principalmente, sobre a Língua Portuguesa e seu estudo.

 Gramática On-line – Comecemos falando um pouco sobre a sua área. Na sua opinião, que é a Filosofia? Há diferenças entre concepções antigas e modernas de Filosofia?

  — A Filosofia, segundo a entendo, é a unidade do saber realizada na unidade da consciência e vice-versa. Creio que essa definição absorve e domina praticamente todas as definições antigas e modernas. Aliás, foi obtida da comparação delas.

  Gramática On-line – Muitas pessoas têm dúvida quanto à atuação profissional do filósofo. Além de lecionar, que atividades pode exercer o formado em Filosofia?

  — A Filosofia, em si, não é uma atividade profissional (e espero que não se torne isso nunca), mas um tipo de know-howque está subentendido, ou deveria estar, em inumeráveis profissões, especialmente o ensino, a pesquisa científica em todas as áreas, as artes, a política, a medicina.

  Gramática On-line – Atualmente, as faculdades em geral formam realmente filósofos? Ou são só professores de Filosofia?

  — Ninguém pode dar o que não tem nem ensinar o que não sabe. Não há um só filósofo no nosso meio acadêmico, e a prova é que esse meio rejeita, por medo e preconceito, todo filósofo autêntico que apareça dentro ou fora dele. Dizer que uma Marilena Chauí, um Leandro Konder sejam filósofos é um ultraje à filosofia. A primeira é uma professora de ginásio, o segundo é um propagandista barato. Mas é só esse tipo de gente que a universidade aceita. Já o Villém Flusser, um gênio espantoso, acabou desistindo do Brasil e foi publicar seus livros na Alemanha, onde imediatamente foi reconhecido como um dos pensadores mais originais das últimas décadas. No Brasil aqueles entojadinhos da USP faziam pouco dele, empinavam o nariz diante dos seus escritos porque eram publicados em jornal – como se Gabriel Marcel ou Ortega y Gasset também não tivessem sido eminentemente jornalistas. Mário Ferreira dos Santos e Vicente Ferreira da Silva também foram postos para escanteio, e até Miguel Reale, reitor da USP, era discriminado dentro da sua própria universidade. Agora, com quarenta anos de atraso, a USP decidiu absorver o prof. Reale, concedendo ao mestre um lugarzinho modesto ao lado de quinze micos na coletânea Conversas com Filósofos Brasileiros, na qual ele é obviamente o único filósofo presente. Ora, esses quatro nomes – Flusser, Reale e os dois Ferreiras – perfazem o essencial da filosofia brasileira deste século – o que vale dizer que a filosofia esteve rigorosamente fora da universidade, por obra de medíocres e invejosos que se empoleiraram como urubus nas chefias de departamentos. O que a universidade brasileira tem feito contra a filosofia é simplesmente criminoso.

  Gramática On-line – Nota- se que há muitas faculdades de Filosofia (e Letras) espalhadas pelo país. Essa proliferação de faculdades é boa ou ruim para o ensino qualitativo da Filosofia?

  — É péssima. Quanto mais gente falando do que não entende, mais confusão, mais empulhação, mais verbalismo oco vai circular pelo país. A filosofia universitária no Brasil só vai começar quando o MEC ou instituição similar fizer uma edição padrão dos escritos daqueles quatro grandes pensadores e a distribuir como leitura obrigatória em todas as faculdades. Não pode haver ensino da filosofia senão com base numa filosofia vivente.

  Gramática On-line – Pode- se dizer que hoje em dia há grandes pensadores, como Sócrates, Platão, Santo Agostinho, etc.?

  — Eric Voegelin e Xavier Zubiri superam todos os demais pensadores da segunda metade do século XX.

  Gramática On-line – Quais são seus autores favoritos (da filosofia e de outras áreas)?

  — Em filosofia, Aristóteles, Leibniz, Sto. Tomás, Schelling, Husserl, Voegelin, Zubiri, Lonergan, Éric Weil, Louis Lavelle. Na literatura, Dante e Shakespeare, Dostoievski e Stendhal, Camões e Camilo, Manzoni e Scott, Pío Baroja, Thomas Mann e Jacob Wassermann, Antonio Machado, Apollinaire, T. S. Eliot e William Butler Yeats. Mas gosto também muito de ler historiadores – meus prediletos são Taine, Huizinga e Oliveira Martins – e obras de psicologia, principalmente as de Viktor Frankl, Lipot Szondi e Maurice Pradines. Nas ciências sociais, Weber e Ludwig von Mises. Em religião, além da Bíblia, do Corão e dos Upanishads, releio sempre a Legenda Dourada de Giacomo di Varezzo, um livro que me parece ter certos dons miraculosos. Sou aficionado de temas islâmicos e retorno sempre aos livros de Ibn Arabi, René Guénon, Henry Corbin, Frithjof Schuon, Titus Burckhardt, Seyyed Hossein Nasr. Adoro as polêmicas de Chesterton, de Bernanos, de Nelson Rodrigues. Gosto também de livros de memórias e depoimentos, sobretudo de políticos, agentes secretos e criminosos que um dia envelhecem e perdem o medo de contar o que sabem; mas também relatos de vidas extraordinárias: meu preferido desde a infância, relido com encanto crescente de tempos em tempos, é Hunter, de John A. Hunter (uma coincidência de nome e profissão): memórias de um caçador de leões e elefantes, certamente o melhor livro de psicologia animal que alguém escreveu antes de Konrad Lorenz.

  Gramática On-line – Diante de tantos autores, de tanta leitura, que o senhor diz sobre o jovem? Com o desenvolvimento da Sociedade da Informação, o jovem tem pensado menos ou mais? Está mais fácil ou mais difícil pensar?

  — Os computadores e a internet, em si, são um imenso benefício para todas as atividades intelectuais. O problema é que pessoas incapazes de absorver mesmo doses moderadas de informação se vêem de repente submetidas a um bombardeio informático. No mínimo, isso infunde nelas a ilusão de que estão por dentro de todos os assuntos. Na verdade, para tirar proveito da internet o sujeito precisa ter as habilidades conjuntas de um pesquisador acadêmico, de um jornalista e de um oficial de informações. O número de pessoas que tira real proveito da internet é ínfimo. Que fazer pelas outras? Bem, da minha parte já faço o que está ao meu alcance: procuro desenvolver nos meus alunos aquelas habilidades conjuntas. Mas não creio que os demais educadores estejam conscientes dessa necessidade, porque eles próprios não têm em geral esse tipo de formação.

  Gramática On-line – Além de ler, qual é o seu hobby? Uma atividade que lhe proporcione prazer…

  Não tenho nenhum hobby em especial. Tudo o que faço me proporciona imenso prazer, sobretudo estudar, escrever, dar aulas, conviver com a minha família maravilhosa e com os meus amigos, comer, amar, rezar, dormir. Se tivesse tempo livre, iria caçar e andar a cavalo, coisas que fiz muito na infância. Música, ouço de vez em quando, mas sempre as mesmas, principalmente Mozart e Wagner. Filmes, já vi todos os que queria ver.

  Gramática On-line – Falemos um pouco sobre a Gramática. Quais são os primeiros registros dos estudos lógicos e gramaticais?

  — Os primeiros estudos gramaticais no Ocidente resultaram da tentativa de aplicar à linguagem, considerada materialmente, os conceitos da lógica de Aristóteles. Mas a aplicação foi muito rasa e um logicismo extemporâneo deixou cicatrizes em toda a gramática ocidental. Quem estudou isso a fundo e procurou corrigir essas distorções foi Eugen Rosenstock-Huessy, cujo livro A Origem da Linguagem deve sair em breve pela Biblioteca de Filosofia que dirijo na Editora Record.

  Gramática On-line – Ao seu ver, qual é a melhor maneira de desenvolver no cidadão a habilidade de escrita e leitura?

  — Expliquei algo disso no meu artigo “Aprendendo a escrever” (O Globo, 3 fev. 2001). Primeiro o sujeito tem de adquirir, pela leitura de obras de história, de cronologia e de bibliografia, um senso da unidade do campo das letras. Um bom começo é a História da Literatura Ocidental de Otto Maria Carpeaux, ou a série Great Books da Encyclopaedia Britannica. Mas em seguida, ou ao mesmo tempo, tem de ler os clássicos e tentar imitá- los, formando um repertório de meios de expressão. Terceiro, tem de manter esse repertório em contínuo acréscimo e desenvolvimento, pela prática da escrita.

  Gramática On-line – Entre as características de Olavo de Carvalho, uma que merece destaque é a habilidade lingüística. O seu texto mostra-se, ao mesmo tempo, fiel às normas do ensino prescritivo do idioma (a chamada norma culta da língua) e acessível a um grande número de leitores. Leitura qualitativa e quantitativa basta para que se alcance essa habilidade? O domínio das estruturas fonética, morfológica e sintática é realmente necessário?

  — Há dois tipos de pessoas: as que aprendem por indução e as que primeiro precisam conhecer a regra geral para depois reconhecê-la na prática. O aprendizado da gramática é necessário a ambas, mas em momentos diferentes. As do primeiro tipo (e eu mesmo estou entre elas) devem acumular uma grande experiência de leitura antes de ter a primeira lição de gramática, porque já terão aquela experiência que lhes permitirá reconhecer do que a gramática está falando. Mas há pessoas que precisam estudar gramática primeiro. O educador é que tem de ter o tirocínio para perceber o que é melhor para o seu aluno.

  Gramática On-line – Como o jornalista Olavo de Carvalho vê a situação dos textos impressos dos meios de comunicação. Os cursos de Jornalismo estão levando a sério a abordagem (ou estudo) da linguagem? Qual é a solução?

  — A linguagem da mídia é um compactado de cacoetes funcionais. O sujeito que aprende a escrever com base nela vai tender inevitavelmente a compactá-la ainda mais. Só os grandes escritores têm o gênio, o espírito do idioma. É preciso aprender a escrever com Camilo e Machado, e só depois simplificar o idioma para adaptá-lo às necessidades da mídia. Para fazer comida desidratada é preciso partir da comida autêntica: se o sujeito desidrata o que já vem desidratado, acaba comendo areia.

 Gramática On-line – O senhor estudou profundamente a Gramática ou, como explicam alguns jornalistas, apela na maioria das vezes à intuição para escrever adequadamente?

  — Não sei quem foi que disse que cultura é aquilo que sobra quando a gente esquece o que aprendeu. Fiz muitos exercícios de gramática, seguindo especialmente a velha Gramática Metódica de Napoleão Mendes de Almeida, e procurei incorporar o aprendizado de tal modo que a regra aprendida funcionasse automaticamente. Hoje, que escrevo com correção, esqueci metade da nomenclatura gramatical e ela não me faz falta nenhuma. A gramática é um estudo reflexivo que pressupõe de certo modo o conhecimento prático do idioma e não pode substituí- lo. Mas, como eu já disse, as mentes muito dedutivas e analíticas precisam já de um pouco de gramática no começo do aprendizado.

  Gramática On-line – Tem-se falado muito sobre a influência da língua na sociedade e vice-versa. A difusão intolerante da Gramática tradicional dá origem, segundo alguns sociolingüistas, ao preconceito lingüístico, sentimento por meio do qual se mantém o desrespeito às variantes lingüísticas divergentes da norma culta, da variante de prestígio. O senhor acha que o ensino rigoroso da Gramática, como era antigamente, pode contribuir para a manutenção desse preconceito? A norma culta é, como dizem, mais uma das imposições de uma minoria que visa a manter as classes sociais distantes umas das outras?

  — Esses sociólogos são simplesmente charlatães que querem tirar proveito político de uma observação falseada da realidade. Não estamos na Inglaterra, onde o falar correto ou incorreto basta para identificar imediatamente a classe social a que o sujeito pertence. Aqui, as classes altas falam e escrevem tão errado quanto o povão, e só quem se interessa pela norma culta são escritores e gramáticos pobretões e marginalizados. Por outro lado, exigir que o aluno, em vez de aprender a norma culta geral, se apegue eternamente aos modos de falar do seu bairro ou da sua classe social, isto sim é discriminá-lo, barrando-lhe o acesso a uma norma que existe justamente para ser o terreno comum da comunicação democrática. Os inimigos da norma são obscurantistas que querem prender cada pessoa no gueto lingüístico e social da sua infância, bloquear a comunicação social e inviabilizar a democracia. Os que inventaram essa ideologia sabem perfeitamente que o propósito dela é criminoso. Os que a repetem como papagaios do alto de suas cátedras são apenas tolos desprezíveis.

  Gramática On-line – Na sua opinião, é mais eficaz combater o preconceito lingüístico ou difundir de maneira mais figurativa os conhecimentos do idioma?

  — O único preconceito lingüístico que existe no Brasil é contra a linguagem correta. Ninguém é criticado neste país porque fala errado, mas, se usa uma única palavra que a platéia desconheça, é rotulado imediatamente de pedante, e assim todos contribuem para o empobrecimento do idioma. Há na sociedade brasileira uma espécie de populismo atávico, regressivo, mórbido e masoquista. Temos de acabar com ele, e qualquer ensino da gramática é útil para esse fim.

  Gramática On-line – Certa vez, quando o Gramática On-linejulgou que houvesse uma falha de digitação no seu site (a palavra muçulmano foi escrita com dois ss), o senhor disse que escreveu intencionalmente a forma que transgride a registrada. Referiu-se, ainda, a um sistema fonético independente, de sua autoria. O senhor poderia explicar em que consistem essas ações dissidentes?

  — Foi apenas um truque que inventei para facilitar o aprendizado do árabe clássico. O sistema internacional de transliteração é complicado e incoerente. Em árabe a escrita pode ser abreviada mediante a omissão das vogais, como numa taquigrafia. Na transliteração internacional você nunca sabe se as letras são vogais ou consoantes. Inventei então uma transliteração na qual as consoantes eram grafadas em maiúsculas e as vogais em minúsculas. Só que para isso era preciso que cada letra árabe correspondesse a uma e uma só letra portuguesa. Naturalmente, isso acabava por afetar os próprios termos árabes aportuguesados, como por exemplo “mussulmano”, que é uma adaptação de musslim. Na minha transliteração, musslim se escreve MuSSLiM, indicando que, na escrita corrente – por exemplo, num jornal árabe -, se escreveria apenas MSSLM. A utilidade disso é extraordinária para o aluno estrangeiro, porque, para o árabe, a consoante, conforme o contexto, já sugere imediatamente a vogal que a acompanha, e para nós não, o que é um problema, já que as declinações (nominativo, genitivo e acusativo) são indicadas precisamente pelas vogais. Há um belo livro de introdução ao árabe, Arabic Made Easy, de Abdul Hashim, que estou adaptando para o português com a minha transliteração. Mas ainda vai demorar para ficar pronto, porque tenho pouco tempo para trabalhar nisso.

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